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Nos vamos de excursión: 10/05/2015

Para el próximo 10 DE MAYO se ha programado una jornada de convivencia visitando ALBARRACÍN y LAS PINTURAS RUPESTRES.

Hora de salida: 8:00 h – Colegio

Hora prevista de llegada: 10:00 h – Albarracin

Visita guiada por Albarracin: 2 h

Después iremos a la zona de picnic de Las Pinturas Rupestres donde comeremos (lo que cada uno nos llevemos).

Visita a Las Pinturas Rupestres: 16:00 h

Duración de la visita: 1:30 h

Hora de salida: 18:00 h – Albarracin

Hora de llegada: 20:00 h – Colegio

El precio de la excursión es de 3 Euros por persona.

Las inscripciones se realizarán en el despacho de APA, los próximos días 22, 27 y 28 de abril, en horario de 9:30h a 10:00h, el 27 lunes también horario de tarde de 15:30 a 16:40h

Albarracin, es un pueblo cuya importancia histórica se manifiesta en las edificaciones y otras huellas todavía presentes hoy que forman un Conjunto Histórico Artístico de los más bonitos que existen. Calles estrechas llenas de historia, de encanto y de leyendas…

“Leyenda de Doña Blanca”

En el extremo sur del peñón en que se asienta la Ciudad de Albarracín, junto a la antigua iglesia de Santa María, se alza un grueso y cuadrado torreón. El pueblo le llama “La Torre de Doña Blanca”. Ésta torre fue, sin duda, una pequeña fortaleza destinada a vigilar, primeramente, a la mozarabia de la ciudad, situada junto a la sobredicha iglesia, como luego vigiló los movimientos de la judería, que ocupaba el “Campo de San Juan”.

En torno a la torre, el peñón se estrecha, y a sus pies, en profundo cauce, discurre el río Guadalaviar, aprisionado por las rocas y por los vallados de pequeños huertecillos. Al otro lado del río, la ingente masa rocosa vuelve a alzarse para dominar desde elevadas cumbres la ciudad, el río y los huertecillos.

Pero la torre de Doña Blanca, guarda entre sus muros, al decir de las gentes, el misterio evocador de la figura triste de una joven infanta aragonesa. Porque Doña Blanca era hermana menor de un príncipe heredero del trono de Aragón. Era una joven ingenua, casta y sencilla, por cuyas prendas no sólo sus padres, los monarcas, sino también toda la nobleza de estos reinos, la idolatraban. Pero la esposa del futuro rey, por la más vergonzosa envidia, la odiaba tenaz y sañudamente.

Y así ocurrió que, al morir el rey, los nobles aclamaron al príncipe heredero, y aquella mujer, que tanto odiaba a Doña Blanca, quedó constituida reina de Aragón. La joven infanta se acogió al lado de su madre, la reina viuda, pero fueron los mismos nobles quienes la aconsejaron que huyera de estos reinos para salvar su vida, refugiándose en la corte de sus deudos los reyes de Castilla.

Y sucedió que un día, de paso para Castilla, llegó a Albarracín, acompañada de algunas dueñas y de pocos caballeros, la desgraciada infanta aragonesa. La acogida que a Doña Blanca le dispensó Albarracín fue muy cordial, por cuanto que hasta aquí había llegado la fama de sus virtudes y la noticia de los odios de la reina. La ciudad entera presenció el paso de la vistosa comitiva con sus jinetes y sus escuderos por las calles tortuosas hasta llegar a los palacios de Azagra, Señor de Albarracín, donde se hospedó la joven infortunada. Consigo traía, en cofres forrados de cuero y guarnecidos de hierro, todos sus tesoros de joyas valiosas y preciadas telas. No era bien dejar todo esto en Aragón.

Pasó un día y otro día, y las gentes esperaban con impaciencia poder contemplar de nuevo el rostro de Doña Blanca y ver su lucida comitiva, al menos, cuando dejara la corte de los Azagra para continuar su viaje hacia Castilla. Mas el tiempo pasó… y las dueñas y los caballeros que habían acompañado a la infanta aragonesa emprendieron un día su regreso hacia tierras de Aragón; pero a Doña Blanca… ya nadie la vio jamás.

El pueblo, lleno de sorpresa y admiración, empezó a pensar que la joven había muerto llena de tristeza por su doloroso destierro, y que había sido sepultada secretamente en el famoso torreón que había de llevar su nombre en adelante. Mas nadie supo jamás lo sucedido, porque las gentes de la casa de Azagra y los nobles de la ciudad guardaron el secreto cuidadosamente.

Desde entonces, en todo plenilunio estival, cuando los próximos peñascos recogen el eco de la campana que suena la hora de la media noche, las gentes de Albarracín cuentan que se puede ver salir de la Torre de Doña Blanca una sombra clara, como de rayo de luna, a la manera de la figura de una mujer de blancas y holgada vestiduras que va descendiendo lentamente por los escarpes de la roca, como si fueran los peldaños de un palacio encantado, hasta llegar a los huertecillos y luego al río, en cuyos cristales se baña, y desaparece para no ser vista hasta otra noche de plenilunio. Es “La Sombra de Doña Blanca”.

Y a unos 4 kilometros del pueblo,  sobre las areniscas rojas llamadas en la comarca “rodeno”, se encuentran un conjunto de “abrigos” con pinturas de Arte Rupestre Levantino (Patrimonio de la Humanidad), que representan escenas de animales como toros, ciervos y caballos, hombres cazándolos o danzando, datados entre el 6000 y el 2000 a.C.. Declarado Parque Cultural y Espacio Natural Protegido.

Esperamos que os animéis a realizar esta bonita excursión y mejor día de convivencia.

*Nota:

– Sólo podrán inscribirse familias socias (que estén al corriente del recibo del apa), Hermanas, profesorado y personal de administración y servicios del Centro.

– No se admitirá la inscripción de alumnos que no vayan acompañados por un adulto.

Las plazas serán limitadas a la capacidad de los autobuses.

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